Guaidó: “Maduro sigue en Miraflores, pero no gobierna en Venezuela” dijo en entrevista a El Comercio

Detrás suyo, una pintura de Simón Bolívar; al costado, el pabellón venezolano. Juan Guaidó, el líder que como «presidente interino» de Venezuela fue recien reconocido por la admisnitración Biden y por más de 50 países, concedió una entrevista vía Zoom con medio El Comercio tras las elecciones regionales del pasado domingo 21 de noviembre.

Acá el texto de la entrevista;

E líder de la oposición venezolana habla sobre el desgaste de la oposición, su lucha contra el gobierno de Nicolás Maduro, los comicios de hace unos días en su país, las negociaciones truncas en México y el futuro.

—Luego de todo este tiempo, de todos estos años, ¿qué cree usted que impida llegar a ciertos consensos con el gobierno de Maduro?

—Que es una dictadura, principalmente. Su objetivo es mantenerse en el poder, no es la estabilidad ni el respeto a los derechos humanos ni a la Constitución, sino simplemente el poder por el poder. Eso ha llevado el caso venezolano a la Corte Internacional de La Haya, señalado por delitos de lesa humanidad, y luego están los informes de la ONU y la OEA. No les interesan los ciudadanos, sino el poder por el poder. Eso, evidentemente, ha sido una barrera. Pero más allá de eso, creo que la gran corrupción ha sido también un fin para ellos. Para nosotros, los venezolanos que ejercemos mayoría, que creemos en la democracia, las opciones han estado siempre entre la participación ciudadana, la protesta pacífica, la posibilidad de un acuerdo como el que estamos impulsando en este momento con la mediación del reino de Noruega, pensando que sea el venezolano quien decida el futuro de nuestro país.

—¿Y desde su lado qué ha evitado que se llegue a acuerdos mínimos?

—Hoy, en Venezuela, los principales partidos políticos están proscritos. Nosotros, desde el 2012 a la fecha, hemos crecido como alternativa democrática: construimos candidaturas unitarias, construimos la plataforma unitaria en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), logramos la mayoría en el parlamento en el 2015, impulsamos el referéndum revocatorio que nos robaron en el 2016, protestamos pacíficamente en el 2017, no cooperamos en el 2018 con una farsa. La principal barrera para llegar a acuerdos sigue siendo la dictadura. Hemos tenidos altas y bajas como producto de un desgaste, de un embate muy duro. Hoy los principales líderes de Venezuela están en el exilio, asilados, presos o inhabilitados por la dictadura de Maduro, situación muy similar a lo que sucede en Nicaragua; la diferencia es que Maduro construyó este escenario en dos o tres años, mientras que Daniel Ortega lo hizo en tres meses.

Por ejemplo, en el 2015, conseguimos las dos terceras partes del Parlamento Nacional. Lamentablemente, inhabilitaron al Parlamento, secuestraron competencias, metieron presos a los diputados. Hemos tenido resultados no cooperando en un proceso como en el 2018, que señaló a Maduro como un dictador y llevó a 60 naciones del mundo a reconocerme como presidente encargado, una forma innovadora de enfrentar a una dictadura en el continente. Y, por otro lado, las protestas pacíficas siempre tienen un riesgo al enfrentarse a una dictadura.

Hoy es cierto que hay que reunificar la alternativa democrática, que es mayoritaria, incluso con los números de la dictadura. El evento del 21 de noviembre, sin condiciones, injusto, desigual, como incluso lo dijo la misión electoral de la Unión Europea, arrojó algo interesante; a partir del gran ausentismo conocemos los números que maneja el Consejo Nacional Electoral hoy tutelado por la dictadura: el régimen es minoría.

Venezuela, ¿qué hacer?

—La pregunta se orientaba más hacia la autocrítica, pero se lo planteo de otra manera. Mirando al futuro, ¿qué otras cosas se pueden hacer para conseguir una mejora concreta en Venezuela?

—Varias cosas en concreto con respecto al futuro. En lo que respecta a las herramientas que tenemos para ejercer la oposición o el papel del gobierno encargado de Venezuela, uno, el ejercicio de la mayoría. Hay que buscar espacios seguros de participación para nuestra gente; el evento del 21 de noviembre generó algunos. Hay que promover la protesta pacífica, los espacios sindicales y gremiales para poder canalizar el descontento. Esa es una tarea constante en el país y en otros lugares del continente. Lo segundo es qué herramientas tenemos para seguir presionando a la dictadura y hacer responsables a los dictadores, las sanciones, la presión.

Tercero, cuáles son los incentivos positivos para lograr un acuerdo o volver a México a la mesa de negociación. En este momento, por ejemplo, hemos hablado del aumento progresivo de sanciones, sobre cómo comunicarnos con quienes necesitan garantías, en fijar la mirada en los siguientes objetivos, y victorias tempranas para la ciudadanía, para que sientan que estamos orientados y hay una solución al conflicto. También pasa por fortalecer lo que hemos denominado la plataforma unitaria, es decir, el estado de la unidad en Venezuela, esa creación de consensos, de toma de decisiones, esa necesidad de poder hacer causa cuando enfrentamos a una dictadura.

Son cuatro cosas pendientes y constantes.

Te doy un ejemplo: cuando en Venezuela logramos una consolidación interesante de la Mesa de la Unidad Democrática y de la Plataforma Unitaria, cuatro de los nueve dirigentes tuvieron orden de captura al mes siguiente, los equipos operativos fueron perseguidos, secuestrados, así que tenemos que estar constantemente trabajando en consolidar la unidad.

—¿Cómo calificaría el apoyo internacional? ¿Siente que sirve de algo?

—Lo único que contiene hoy a la dictadura de Maduro es la presión de las democracias del mundo. Las sanciones diplomáticas y los señalamientos de delitos de lesa humanidad contienen, de alguna manera, y equilibran la desigualdad y la vulnerabilidad que tiene la alternativa democrática en Venezuela.

—¿Pero realmente funciona la presión internacional? En la práctica, Maduro continúa en el poder.

—Maduro sigue en Miraflores, pero no gobierna en Venezuela. No hay gasolina, no hay agua, no hay electricidad, el sueldo mínimo mensual es de dos dólares. Él tiene que ejercer su mandato a sangre y fuego, y por eso está siendo investigado por la Corte Penal Internacional (CPI).

Ahora, ¿qué herramientas tiene la comunidad internacional para sancionar a Alexander Lukashenko, a Daniel Ortega o a Nicolás Maduro? Creo que las democracias del mundo están en un proceso de reflexión importante sobre cómo hacer responsables a los violadores de derechos humanos, cómo hacer responsables a los dictadores. ¿Son suficientes las sanciones? Evidentemente no. ¿Es suficiente la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Evidentemente no. ¿Son suficientes los comunicados y sanciones morales a los dictadores? Evidentemente no. Hay que innovar los mecanismos de presión. Los dictadores utilizan la relativización; es decir, tratan de buscar afinidad de identidades ideológicas o supuestas identidades ideológicas, para hacer una causa común que no existe. Los DD.HH. no tienen ideología, la democracia no debe tenerla tampoco. Esto es parte de la lucha democrática que está en curso todos los días, no solo en Venezuela, sino también en países como Bielorrusia, Nicaragua, Myanmar, incluso podríamos hablar de Hong Kong. Lea la nota copleta en El Comercio #Cortesía #SNNV #28Nov #VenprensaInforma

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